Tema: Si Dios te valora, no le des lugar a quien no lo hace
Hay momentos en la vida en los que el rechazo, la indiferencia o la falta de reconocimiento intentan hacernos dudar de nuestro valor. Puede suceder en la familia, en nuestras relaciones afectivas, en el trabajo e incluso dentro del ámbito eclesiástico. A veces, las personas no logran ver el propósito que Dios ha puesto en nosotros y terminan menospreciando el ministerio, el talento o el don que Él nos ha confiado.
Sin embargo, ninguna opinión humana tiene el poder de cambiar lo que Dios ya estableció acerca de tu vida. La mayor evidencia de cuánto vales no se encuentra en la aprobación de las personas, sino en el amor del Padre.
La Palabra de Dios lo expresa con absoluta claridad en el Evangelio de Juan, capítulo 3, versículos 16 y 17:
"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él." •Juan 3: 16-17
¡Qué inmenso es el amor del Padre! Su amor no quedó solo en palabras; fue demostrado con la entrega de Su Hijo amado. La cruz no solo nos habla de perdón y salvación, sino también del valor que Dios le dio a cada ser humano. Si Cristo fue entregado por nosotros, entonces nuestra identidad jamás podrá depender de la aceptación o del rechazo de quienes nos rodean.
Ser hijo de Dios significa vivir desde una identidad segura. Somos herederos de Dios y coherederos con Cristo; somos luz del mundo, sal de la tierra y portadores de Su presencia. Hemos sido llamados a reflejar el carácter de Jesús e influir en nuestro entorno con el aroma de Su amor.
El problema comienza cuando olvidamos quiénes somos. Entonces minimizamos lo que Dios nos entregó y permitimos que las voces equivocadas definan nuestra identidad. Poco a poco dejamos de creer en el propósito que el Señor diseñó para nosotros y terminamos viendo nuestro llamado con los ojos de quienes no conocen el corazón de Dios.
Hoy quiero dejarte esta verdad: tú no dejarás de ser lo que Dios dice que eres porque alguien te desapruebe. Tu valor no depende de la aceptación de las personas, sino del precio que Dios pagó por ti. Nadie puede desvalorizar lo que Dios ya valorizó. La cruz estableció para siempre cuánto vales delante del Padre.
Por eso, no permitas que una palabra de rechazo tenga más fuerza que una promesa de Dios. Levanta tus ojos y recuerda que tu socorro viene del Señor. Él es quien te llamó, quien te sostiene y quien afirma tu identidad. Lo que Dios dice de ti siempre tendrá más autoridad que cualquier opinión humana.
Avanza con la certeza de que eres portador de Su vida, de Su luz y de Su gloria. Camina con la visión que Dios tiene de ti, no con la que otros han querido imponerte. Cuando entiendes cuánto vales para el Padre, dejas de buscar aprobación en los hombres y comienzas a vivir con la seguridad de que ya has sido aceptado por Aquel que entregó a Su propio Hijo por amor a ti.
Recuerda siempre: nadie puede desvalorizar lo que Dios ya valorizó. Tu valor fue establecido en el Calvario, sellado con la sangre de Cristo y confirmado por el amor eterno del Padre. Vive, entonces, conforme a esa verdad y nunca permitas que una voz pasajera silencie lo que Dios ha declarado para siempre sobre tu vida. prr
¡Bendiciones!
Ps. Rossy del Rosario Republica Dominicana
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