8 de Marzo de 2026
Tema: Mujer del Reino
●Lucas 2: 36-38 (RV1960)
36. Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, 37. y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. 38. Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.
¡Felicidades a todas las damas del mundo en el mes internacional de la mujer!
Estamos en Marzo, el mes de la Mujer, y hoy precisamente, 8 de Marzo de 2026, celebramos el "Día internacional de la mujer" y no quería dejarlo pasar para hablar a tu vida de parte del SEÑOR. Como tampoco quiero pasar por alto la breve, pero impactante historia de una mujer cuya vida nos deja una lección eterna sobre lo que significa ser una verdadera Mujer del Reino. Su relato se encuentra en el Evangelio según •Lucas 2:36–38.
Su nombre es Ana, la profetisa. Aunque su historia ocupa apenas tres versículos, su vida deja una marca profunda en las Escrituras como ejemplo de fidelidad, entrega y perseverancia, demostrando que ningún proceso puede desviar el corazón de quien se entrega completamente a Dios.
Lucas nos indica que Ana era viuda y de edad avanzada. En aquella época, la viudez no solo era un estado civil, sino sinónimo de fragilidad y aislamiento social. Aun así, Ana no permitió que la pérdida de su esposo definiera su destino espiritual. A pesar del dolor, decidió permanecer firme en su fe, centrando su mirada únicamente en la promesa de su Salvador.
Esto es especialmente relevante para nosotras hoy. Los procesos, las pérdidas y las transiciones pueden intentar desviarnos del propósito de Dios. Sin embargo, Ana nos muestra a una mujer que jamás se apartó del templo ni de las disciplinas espirituales que fortalecen su vida devocional.
El texto dice que “no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones”. Esto no implica necesariamente que viviera físicamente en el templo, sino que su existencia giraba alrededor de la presencia de Dios. Ese era su motor, su centro. Su perseverancia era fruto de decisiones consistentes durante años.
Algo que conmueve profundamente es que Ana no comenzó a buscar a Dios al ver al Mesías; ella ya estaba allí. Su vida de consagración la preparó para reconocer lo que otros no percibieron. Al presentarse el niño Jesús, comprendió que estaba frente al cumplimiento de la promesa y proclamó a todos los que aguardaban la redención en Jerusalén.
Ana, como Mujer del Reino, nos enseña que la fidelidad constante no solo prepara el corazón para experimentar los momentos más gloriosos, sino que también nos capacita para bendecir y ministrar a otros con lo que hemos recibido.
En este mes de la Mujer, Dios sigue buscando Anas: mujeres que no se rinden, que sirven con pasión y perseverancia, y que miran al futuro confiadas, sabiendo que su recompensa está asegurada.
“Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad, y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.” mt
¡Te invito a creer! ¡Dios te bendiga abundantemente!
Con cariño;
Migdalia Toledo
● Autora y escritora del libro: Mujer ¡Transiciona!
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