12 de Febrero de 2026
Tema: Cuando el corazón se inquieta
La ansiedad es como una ola que llega sin aviso, levantando pensamientos, preocupaciones y miedos que a veces parecen más grandes que nosotros mismos. Es un estado del alma que busca controlar lo que no entiende y anticipar lo que aún no ha sucedido.
Pero en medio de esa tormenta, la Palabra de Dios nos recuerda:
● Filipenses 4: 6-7
“Por nada estén afanosos, sino sean conocidas sus peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.”
La ansiedad se calma cuando reconocemos que no estamos solos. No somos dueños del futuro, pero conocemos al que lo sostiene. En lugar de luchar contra los pensamientos que nos inquietan, podemos entregarlos uno a uno a Dios, diciendo:
“Señor, esto me preocupa, pero confío en Ti.”
Esa confianza abre la puerta a la paz. No una paz pasajera, sino una que guarda el corazón, cubriéndolo como una coraza invisible.
Hoy, si tu mente se siente agitada, detente un momento. Respira y ora. No trates de entenderlo todo; solo recuerda que el Dios que cuida de las aves y viste los lirios del campo también tiene cuidado de ti.
En los idiomas —hebreo y griego— la ansiedad se ve como una división interior: el corazón se carga (de’agáh), se oprime (tzaráh), o se divide (merimnáo).
El remedio bíblico es volver a la unidad interior por medio de la confianza en Dios, quien nos invita a:
●1 Pedro 5: 7
7. “Echar toda ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros.”
Oración
“Señor, en medio de mis pensamientos y temores, enséñame a descansar en Ti. Apacigua mi mente y llena mi corazón de Tu paz. Que cada respiración sea un recordatorio de Tu fidelidad. Amén.”
¡Bendiciones!
Capellán Yasmín Acevedo
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