1 de Julio de 2025
Día 5
Tema: Acariciados por su fidelidad
Texto bíblico:
“Por la misericordia del Señor no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.” •Lamentaciones 3: 22–23
La fidelidad de Dios no es un recuerdo del pasado ni una esperanza lejana: es un milagro cotidiano que se despliega silenciosamente con el amanecer. Es la caricia que sostiene al alma aún cuando no tiene fuerzas para levantarse. Es el susurro constante que nos recuerda: “Aunque todo cambie, Yo no cambio. Aunque tú falles, Yo permanezco.”
Cada mañana abre sus cortinas con un acto de gracia. Y es imposible no asombrarse al ver que, aunque no merezcamos tanto, seguimos aquí. No por méritos, sino por Su misericordia. No porque hayamos hecho todo bien, sino porque Él ha decidido no soltarnos. ¿Cómo no vivir agradecidos ante semejante fidelidad?
Este pasaje nació en medio de la tristeza, no de la alegría, ni júbilo. Fue escrito en una temporada de ruinas, donde todo parecía perdido. Y aún así, el profeta se atrevió a decir: “Grande es tu fidelidad.” Ese tipo de fe —que mira más allá de la ceniza y reconoce el rostro de Dios— sólo puede brotar de un corazón que ha sido tocado por Su amor y misericordia.
El corazón que escribe estas palabras no está celebrando un triunfo ni descansando en comodidad. Este pasaje brota desde lo más profundo del dolor, desde las cenizas de una ciudad destruida, desde el alma de un pueblo que ha sido quebrado.
Las lamentaciones de Jeremías fueron escritas tras la caída de Jerusalén a manos de los babilonios, un evento devastador que dejó al pueblo judío en ruinas, tanto física como espiritualmente. El templo fue destruido, las calles se llenaron de luto, y las voces se apagaron en el polvo.
Y sin embargo, en medio de esa devastación, el profeta se atreve a levantar una voz que no se apaga en la desesperanza. Él declara: “Por la misericordia del Señor no hemos sido consumidos”. NO lo dice cuando TODO ha mejorado, sino mientras todo aún DUELE. Lo dice mientras aún llora. No se trata de un Dios que aparece cuando todo va bien, sino de un Dios que permanece cuando todo se rompe. Su fidelidad no es un evento esporádico, es una constante.
Ser acariciados por Su fidelidad es sentirnos abrazados en medio del caos, recordados cuando todos se olvidan, y sostenidos cuando ni nuestras propias fuerzas bastan. Y eso, más que inspirarnos consuelo, debe despertar en nosotros una gratitud que NO se apaga. Una gratitud que no depende de la estación ni del ánimo, sino que permanece, porque nace del reconocimiento de quien Dios es: fiel, siempre fiel.
Aparece como una caricia silenciosa que llega cada mañana, incluso cuando la noche anterior fue larga y oscura. Cada amanecer trae nuevas misericordias no porque lo hayamos hecho bien, sino porque Él ha decidido amarnos de una manera irrevocable. Su fidelidad es grande porque no depende de nosotros. Es grande porque no cambia, no decae, no se agota. Y por eso, cuando abrimos los ojos cada mañana, podemos respirar profundamente y decir: “Gracias, Señor. A pesar de todo, sigo aquí. Y Tú también.”
La fidelidad de Dios es como ese rayo de sol que se cuela por la esquinita de una ventana después de una noche de tormenta. No pregunta si lo mereces. Simplemente llega. Nos acaricia el alma, nos recuerda que seguimos siendo suyos, y que, aunque la vida nos tambalee, Su amor no se tambalea jamás. Y aún cuando no logres ver materializado lo que ya Él ha determinado para tu vida, sigue siendo fiel. Porque su fidelidad no está condicionada a nuestros resultados, sino anclada a Su carácter eterno. Él ya lo ha hablado, y a su tiempo, lo cumplirá.
Hoy, más que pedirle cosas, toma un momento para agradecer. Agradecer por todo lo que ha hecho, pero también por lo que no ha permitido que suceda. Agradecer por Su paciencia, por Su ternura, Su amor, Su gran misericordia, por Su constancia que no se agota. Porque aunque tú y yo cambiamos, Él no deja de venir, no deja de buscarte, no deja de amarte.
Oración:
Señor, gracias por tu fidelidad que me envuelve como un abrigo. Aunque yo tropiece, Tú permaneces. Enséñame a vivir con un corazón agradecido, consciente de tu presencia diaria y de tus misericordias nuevas cada mañana. Ayúdame a en todo mirarte tan solo a ti. Amén
Para meditar:
¿Hay algo por lo que aún no has dado gracias hoy?
Haz una pausa… y deja que la gratitud florezca donde antes hubo quejas.
¡Bendiciones!
Susurros de gracia por Yadira Ramos
Comentarios
Publicar un comentario
¡Dios te bendiga! Gracias por tu visita, por tu apoyo y por tu comentario. Revista Digital Cristiana La Vara De Almendro PR #RDCLVDAPR