22 de Octubre de 2025
Tema: Cuando el ruido intenta apagar lo eterno
•Efesios 5: 15-16
“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.”
Vivimos en días en los que el ruido del mundo parece imponerse sobre el susurro de lo eterno. La prisa marca el paso, la rutina consume, y muchos caminan con el corazón frío, cargando preocupaciones que les roban la capacidad de mirar a los ojos y abrazar de verdad. Las familias, que deberían ser un refugio de amor y sostén, a menudo se encuentran distanciadas, cada miembro ocupado en su propio afán, olvidando que el tiempo que se va, no vuelve.
Nos hemos acostumbrado a vivir acelerados: a correr, a producir, a responder. Pero, ¿cuándo fue la última vez que nos detuvimos para agradecer lo que ya tenemos? Un hogar que nos acoge, un abrazo que sana, un pan en la mesa, un respiro de vida. Son regalos tan sencillos y a la vez tan eternos, que en la rutina suelen pasar desapercibidos. Sin embargo, en medio de tanto ruido, Dios sigue llamándonos a la quietud, a la sencillez, a volver a lo esencial: amar, perdonar, valorar y cuidar a los nuestros.
Quizás este sea el tiempo de levantar la mirada, de abrir los ojos del corazón y darnos cuenta de que lo más valioso no está en lo que acumulamos, sino en los momentos que compartimos. Que podamos escoger cada día vivir con un corazón sensible, porque la vida no se mide por la prisa con la que corremos, sino por el amor con el que caminamos.
Dios nos invita a redimir el tiempo, a no desperdiciarlo en lo superficial, sino a invertirlo en lo eterno: en sembrar fe en los corazones, en construir puentes en lugar de muros, en dejar huellas de amor que perduren más allá de nuestra propia vida.
Que en medio del bullicio y la prisa, aprendamos a escuchar esos Susurros de Gracia que nos recuerdan que la vida se teje de detalles pequeños: el abrazo que calma un corazón inquieto, la oración que alguien hace en secreto por nosotros, la sonrisa que devuelve esperanza, la mesa compartida en gratitud. Es allí, en lo cotidiano, donde lo eterno se hace visible y donde comprendemos que el verdadero tesoro está en amar como Cristo nos amó: sin reservas, con entrega, y con la certeza de que el amor nunca deja de ser.
Oración:
"Señor, enséñame a detenerme en medio de la prisa y a reconocer tu voz en lo sencillo. Ayúdame a valorar lo que me has dado y a vivir cada día con un corazón agradecido y sensible a tu gracia". Amén
Reflexiona:
• ¿En qué momentos he dejado que la prisa apague la voz de Dios en mi vida?
• ¿Qué cosas necesito redimir y valorar más antes de que el tiempo siga avanzando?
• ¿Cómo puedo vivir hoy con un corazón más sensible y dispuesto a amar?
¡Dios les bendiga grandemente!
Con amor;
Yadira Ramos Sanabria
Ministerio Susurros de Gracia
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